El 14 de julio de 1789 marcó un punto de inflexión en la historia. Miles de personas asaltaron una fortaleza que creían llena de prisioneros políticos sometidos a crueles castigos. Pero lo que descubrieron dentro cambió para siempre la narrativa de la revolución francesa.
Contrario a las leyendas, solo siete personas estaban recluidas. Cuatro eran falsificadores de documentos financieros. Otro, un noble encerrado por su propia familia. Los dos restantes sufrían problemas mentales. Ninguno era un disidente oprimido por la corona.
Este hallazgo revela cómo los hechos históricos suelen diferir de las versiones románticas. La toma bastilla no liberó a héroes, pero sí creó un símbolo poderoso. La propaganda transformó un evento con pocos presos en un grito contra el abuso de poder.
Conclusiones clave
- Solo 7 personas estaban en la fortaleza durante el asalto
- La mayoría eran delincuentes comunes, no figuras políticas
- Dos prisioneros tenían condiciones mentales
- El evento se convirtió en símbolo revolucionario pese a la realidad
- La narrativa histórica superó ampliamente los hechos concretos
Contexto histórico de la Bastilla
Bajo las piedras de la famosa fortaleza yacen secretos arquitectónicos que explican su importancia estratégica. Su historia comienza en pleno siglo XIV, cuando París enfrentaba constantes amenazas durante la Guerra de los Cien Años.
Origen y construcción en el medievo
Todo empezó en 1357. Étienne Marcel, líder municipal, reforzó las murallas de la ciudad y creó una entrada fortificada junto a la Porte Saint-Antoine. Esta primera versión tenía dos torres y un foso ancho, pero pronto quedó obsoleta.
Carlos V ordenó en 1369 ampliar la estructura. Hugh Aubriot dirigió obras que transformaron el modesto castillo en una fortaleza de ocho torres interconectadas. Cada una medía 24 metros, con muros de 3 metros de grosor en la base.
Rol en la defensa de París
Su diseño rompió esquemas. A diferencia de los castillos tradicionales, sus torres y murallas tenían igual altura. Esto permitía mover tropas rápido y colocar cañones eficientemente.
Protegía el acceso oriental a la capital francesa. Además, funcionaba como residencia real de emergencia. Carlos V construyó cerca el Hôtel Saint-Pol, vinculando el poder monárquico con esta posición defensiva clave del siglo XIV.
Entorno político y social previo a la Revolución

El panorama económico de Francia en vísperas revolucionarias pintaba un escenario catastrófico. Tres factores clave convergían: deuda estratosférica, privilegios feudales y hambre generalizada. La monarquía navegaba en aguas turbulentas sin brújula financiera.
Un país al borde del abismo
Para 1789, la deuda estatal equivalía al 60% del presupuesto nacional. Los años de guerras contra Inglaterra, incluido el apoyo a la independencia estadounidense, habían vaciado las arcas. «El tesoro real es como un barril sin fondo», escribía un ministro de Luis XVI.
El sistema fiscal funcionaba como máquina de injusticia. Mientras campesinos pagaban hasta el 75% de sus ingresos en impuestos, la nobleza y el clero mantenían exenciones totales. Esta desigualdad en la sociedad francesa generaba resentimiento creciente.
La naturaleza dio el golpe final. Entre 1788-1789, sequías e inundaciones arruinaron cosechas. El precio del pan alcanzó el 88% del salario obrero. En París, familias comían hierbas y cortezas de árboles para sobrevivir.
Luis XVI, último rey del Antiguo Régimen, heredó décadas de mala gestión. Sus intentos de reforma chocaban con la resistencia aristocrática. El tiempo para soluciones pacíficas se agotaba tan rápido como las reservas de trigo.
La influencia de la monarquía en la Bastilla
La fortaleza medieval adquirió un nuevo propósito bajo el mandato de los monarcas franceses. Durante el siglo XVII, se convirtió en un instrumento político clave. Luis XIV demostró cómo el control sobre la prisión real podía moldear el poder absoluto.
Decisiones controvertidas de la realeza
El rey Luis XIV transformó radicalmente el papel del lugar. Entre 1661 y 1715, alojó 2,320 prisioneros, muchos sin juicio. Las famosas lettres de cachet permitían detenciones con solo la firma real.
| Dato clave | Luis XIII | Luis XIV |
|---|---|---|
| Prisioneros anuales | 18 | 43 |
| Duración promedio | 11 meses | 3 años |
| Motivos religiosos | 12% | 34% |
Este sistema eliminaba garantías legales. Protestantes, nobles desafiantes y escritores críticos compartían celdas. Un consejero real admitió: «La orden del rey bastaba para convertir a cualquiera en reo».
La discrecionalidad monárquica generaba temor incluso en la aristocracia. Cualquier desacuerdo con el rey podía terminar en aislamiento perpetuo. Así, la antigua fortaleza se transformó en símbolo del abuso de poder.
Estados Generales y la formación de la Asamblea Nacional
El 5 de mayo de 1789, Versalles fue testigo de un evento histórico: Luis XVI reunió los Estados Generales tras 175 años de inactividad. Este acto desesperado buscaba solucionar la crisis económica, pero terminó acelerando cambios radicales en la sociedad francesa.
El Tercer Estado, representando al 98% de la población, exigió igualdad de votos. Los privilegiados (nobleza y clero) se negaron. Este choque reveló la fractura irreparable del orden social. «Somos la nación», declaró el abate Sieyès, marcando un punto de inflexión.
| Estamento | Representantes | % Población | Postura |
|---|---|---|---|
| Tercer Estado | 578 | 98% | Voto por cabeza |
| Nobleza | 270 | 1.5% | Voto por estamento |
| Clero | 291 | 0.5% | División interna |
El 17 de junio, diputados del pueblo y parte del clero bajo formaron la Asamblea Nacional. Juraron no separarse hasta dar una constitución a Francia. Luis XVI, presionado, reconoció su autoridad el 9 de julio, sellando el inicio de cambios profundos que culminarían en eventos como la toma de la Bastilla.
Este proceso demostró cómo las instituciones antiguas podían transformarse en herramientas revolucionarias. La Asamblea Nacional no solo desafió al rey: redefinió quién tenía derecho a gobernar.
La Guardia Nacional y el despertar revolucionario
París vivía un ambiente eléctrico en julio de 1789. Las calles bullían con rumores de conspiraciones reales. Para proteger los avances políticos, nació una fuerza ciudadana que cambiaría el curso de los eventos: la Guardia Nacional.
Organización y objetivos de la milicia popular
Reclutando hasta 50.000 personas, esta milicia urbana combinaba orden y rebeldía. Su misión principal: defender la Asamblea Nacional de posibles ataques. Las armas confiscadas en arsenales reales les dieron poder real, no simbólico.
Los colores elegidos revelaban su esencia. El rojo y azul de París, con blanco añadido después, formaron la bandera tricolor. Este diseño unificó a la multitud bajo un mismo símbolo, creando identidad revolucionaria.
Su estructura rompió esquemas sociales. Ciudadanos comunes compartían responsabilidades con exmilitares. Este modelo, detallado en documentos históricos, demostró que el poder podía residir fuera del palacio real. La Guardia no solo protegía un lugar físico: custodiaba las ideas que transformarían Europa.